La clase presenta una intervención sobre una pareja con ritmos sexuales distintos. La docente observa cómo los lugares familiares, las responsabilidades tempranas y el miedo asociado a la sexualidad pueden aparecer en la relación, y muestra un cierre basado en reconocer la experiencia del otro.
La docente presenta una pareja que llega a consulta porque sus ritmos sexuales no coinciden. Ella expresa mayor insatisfacción y deseo de más encuentros, mientras él considera normal una frecuencia menor y suele estar centrado en el trabajo. La diferencia de deseo es el punto de entrada para observar la dinámica de la pareja.
En la primera configuración, ella aparece en un lugar pequeño y demandante y él en un lugar grande, como adulto responsable. La clase no se queda en la frecuencia sexual: usa la imagen para preguntar qué posiciones está ocupando cada persona y qué implicaciones pueden tener en la relación.
La práctica pide que cada miembro represente el conflicto —la sexualidad— y configure a sus sistemas familiares. Al colocar a los padres, la intervención vuelve visible la escena relacional que sostiene las hipótesis de trabajo.
La docente compara el modo en que cada persona mira a su padre. Ella lo ve como grande, mientras él se ve más grande que el suyo. En el lenguaje de la clase, aparecen órdenes del amor transgredidos y una posible repetición del lugar de grande dentro de la pareja.
Él relata que su padre enfermó y que tuvo que hacerse cargo de sus padres antes de tiempo. En el otro sistema, el padre ocupa un lugar responsable y la madre se muestra más como amiga; la hija busca en su pareja que también cumpla un papel de padre. La clase presenta esto como una copia de modelos familiares en la relación actual.
El ejercicio coloca la sexualidad de ambos. La de ella se representa como algo grande e importante para su vida, sin quedar ligada a su padre o a su madre. La sexualidad de él, en cambio, aparece mirando hacia la madre dentro de la configuración.
Al explorar la configuración, él cuenta que para su madre la sexualidad era como un castigo porque su padre sufrió un ictus durante una relación sexual. La docente propone que los miedos e inseguridades de la madre pudieron ser asumidos por él y relaciona esa hipótesis con su dificultad para acercarse sexualmente a su pareja. Es una lectura del caso, no un diagnóstico.
El abordaje mostrado invita a él a decirle a su madre: «Mamá, no hay problema». Después, su pareja responde: «Ahora entiendo». El cierre apunta a que ambos comprendan la dinámica del otro, ocupen su respectivo lugar y puedan tomar decisiones sobre su relación en conjunto.