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Aula de Luz Rodríguez · experiencia interactiva
Las cartas ayudan a construir una representación del genograma cuando faltan datos y a explorar las imágenes y vínculos que la persona asocia a sus ancestros; el significado lo aporta quien consulta.
La baraja facilita una exploración visual y narrativa del genograma. Las imágenes y conexiones adquieren sentido en la conversación; no sustituyen los datos disponibles ni permiten sacar conclusiones clínicas.
Las cartas Persona y Personita ofrecen un apoyo visual para explorar relatos familiares. Se pueden combinar con imágenes propias y variadas; la apariencia de una carta no demuestra nada sobre una persona real.
La demostración ordena las cartas antes de montar el árbol. Ajusta las categorías al lenguaje, identidad y contexto de quien consulta; el orden sirve para facilitar la conversación.
Coloca primero a la persona consultante y añade padres, abuelos y otras generaciones. Si faltan datos, deja espacios abiertos: no hace falta inventar información para completar el dibujo.
La persona elige las imágenes y expresa lo que le evocan. Las asociaciones pertenecen a quien consulta; no deduzcas etnia, salud o carácter a partir de un retrato.
Preguntas como «¿Qué te sugiere esta imagen?» o «¿Qué palabra pondrías aquí?» permiten escuchar sin dirigir la respuesta ni asignar un significado por adelantado.
Las cartas de interrelación permiten colocar figuras en cercanía, distancia o triada. La disposición abre una conversación sobre percepciones; por sí sola no confirma que una relación real ocurriera así.
Si aparece una exclusión o un desequilibrio, pregunta qué representa para la persona. Distingue percepción, dato conocido e imaginación; una configuración no es un diagnóstico ni una explicación causal.
La propuesta admite tarjetas artesanales, imágenes repetidas, cartas para niños y una cuadrícula. Elige el formato con consentimiento y comprueba si la persona quiere continuar.
Escribe un caso ficticio de tres generaciones e identifica dos datos que no se conocen.
Dejar un espacio abierto representa la incertidumbre con honestidad; no es necesario rellenarlo con una suposición.
Ubica la persona consultante y organiza las tarjetas de padres y abuelos sin añadir detalles que el caso no ofrece.
La secuencia ayuda a ordenar el material y permite ver claramente qué información está presente o falta.
Redacta una pregunta que empiece con «¿Qué…?» y que no sugiera una respuesta concreta.
Una pregunta abierta deja a la persona elegir el significado y puede responderse de más de una manera.
Dibuja tres tarjetas en una configuración y anota dos lecturas posibles, ambas atribuidas a quien consulta.
La disposición ofrece un tema para conversar; no confirma por sí sola un hecho familiar.
Escribe una frase que distinga una percepción personal de un dato confirmado.
Esa distinción evita presentar una imagen o asociación como prueba, diagnóstico o causa.
Propón una versión con recortes, cartas repetidas o una cuadrícula y señala cómo pedirías consentimiento.
La adaptación amplía las opciones de representación y mantiene la participación bajo control de quien consulta.
Materiales de apoyo para continuar el estudio de la lección.